
País: España
Año: 2004
Título original: La mala educación / Bad education
Guión: Pedro Almodóvar
Director: Pedro Almodóvar
Actores: Gael García Bernal, Fele Martínez,
Daniel Giménez-Cacho, Lluis Homar, Francisco
Maestre, Javier Cámara, Francisco Boira, Petra Martínez.
Sitio Oficial

Antes que nada, una advertencia, una confesión, un mea culpa o como quiera llamárselo… Para mí, Pedro Almodóvar es un ídolo, una debilidad, un talón de Aquiles. Si no fuera porque jamás lo vi (ni mucho menos frecuenté) en persona, me encantaría decir que es mi amigo. Por lo tanto, difícilmente pueda escribir una crítica negativa de sus películas. A lo sumo, llegaré a admitir algún detalle que no me fascinó. Pero no mucho más.
Hecha la aclaración, me siento en pleno derecho de afirmar -casi sentenciar- que La mala educación es uno de los mejores estrenos del año 2004. Una vez más, el director manchego no defrauda y, fiel a su estilo, nos atrapa con una historia capaz de combinar los elementos que a él tanto lo apasionan: amor, deseos prohibidos, melodrama, policial negro y un toque de humor.
En esta oportunidad, su película se destaca por dos características poco usuales: por un lado, un condimento autobiográfico (cuyo peso exacto nunca conoceremos) y, por el otro, la falta de personajes femeninos importantes (ausencia a la que no estábamos acostumbrados desde Matador y que recién reapareció en Hable con ella). Por lo demás, don Pedro se comporta como siempre: talentoso, irreverente, nostálgico.
Talentoso, por la creatividad y rigurosidad con la que construye varios relatos en uno, como si se tratara de un juego de mamushkas (esas campesinas rusas hechas muñequitas, que perfectamente encajan una dentro de otra). Porque logra que el espectador entre y salga de situaciones complejas, cuando él -director omnipotente- quiere. Porque nunca deja nada librado al azar: ni hilos argumentales ni detalles estéticos (en ese sentido, basta con ver los títulos de presentación).
Irreverente, porque no se anda con sutilezas a la hora de describir la obsesión de un cura por su alumno de diez años, o cuando pretende reflejar el deterioro anímico de un travesti adicto. Irreverente, no sólo porque se refiere al amor entre dos niños varones, sino porque lo muestra en una de las escenas más bellas y conmovedoras de la película (cuando, en el patio del colegio, Ignacio evita patear un gol al arco defendido por Enrique).
Nostálgico, por las menciones al cine negro y a Sara Montiel. Porque Almodóvar no pierde oportunidad de rendirle tributo al Séptimo Arte (partamos de esta base: uno de los protagonistas de La mala educación -el alter ego de Pedro- es cineasta). Porque, si bien el universo femenino queda prácticamente excluido del film, hay una reivindicación de las madres.


Como en sus otros trabajos, Almodóvar aquí también respeta a sus personajes (es decir, los exime de cualquier juicio de valor o mirada reprobatoria), y saca lo mejor de sus actores. No es casualidad entonces que el mexicano Gael García Bernal se luzca en un trabajo complejo debido a la superposición de roles, y que su compatriota Daniel Jiménez Cacho (actor fetiche de Arturo Ripstein) sepa encarnar a un sacerdote pedófilo evitando el típico estereotipo de abusador.
Aun cuando ya pasó un mes desde su estreno en Buenos Aires, La mala educación sigue dando que hablar. Por eso, la incluimos dentro de nuestra categoría de “Las Preferidas”. Por eso también, instamos a mirarla, a disfrutarla y a recordarla. Es que… Cómo olvidar algo hecho por Almodóvar, cuando se trata de un director que mantiene la pasión de siempre por su arte, y que logra renovarse sin dejar de ser fiel a sí mismo.