El abrazo partido

País: Argentina, Francia, Italia y España
Año: 2004
Título original: El abrazo partido / Lost embrace
Guión: Marcelo Birmajer y Daniel Burman
Director: Daniel Burman
Actores: Daniel Hendler, Sergio Boris, Adriana
Aizemberg, Jorge D’Elia, Rosita Londner, Diego
Korol, Silvina Bosco, Melina Petriella, Isaac Fain,
Atilio Pozzobon.
El abrazo partido es una de esas películas con la que uno se encariña… Uno se encariña con sus personajes, con esa galería del Once y, por supuesto, con ese barrio tan pintoresco de la ciudad de Buenos Aires. Después de verla, dan ganas de recorrer la calle Lavalle entre Pueyrredón y Ayacucho y -por qué no- de pasar a saludar a Sonia, a Joseph, a Ramón, a los Saligani, a Mitelman, a Rita y a Osvaldo.
Por otro lado, esta película de Daniel Burman girar alrededor de Ariel, un joven de veintipico obsesionado por la ausencia de su padre Elías que vive en Israel desde hace unas dos décadas. Además de resentimiento por el abandono paterno, el protagonista atraviesa una crisis personal que lo empuja a tramitar la nacionalidad y el pasaporte polacos para probar suerte en Europa.
La aparente inminencia de esta partida da origen a un planteo casi generacional (no olvidemos que el cineasta y su alter ego en la pantalla se acercan a la edad de los 30) sobre los afectos, el amor, la paternidad, el trabajo y la pertenencia a una religión, a una cultura, a un país. En este punto, El abrazo partido sobresale por su simplicidad, su frescura y su honestidad a la hora de presentar dudas y cuestionamientos. De hecho, alejada de los discursos sentenciosos, la película propone una narración sencilla, sin vericuetos argumentativos ni técnicos.
Tras su estreno en las salas de cine, algunos críticos vernáculos le achacaron su costado “costumbrista” y ciertos “gags” atribuíbles a la factoría Pol-ka. A no tomarlos en serio… No es la primera vez que la solemnidad les impide disfrutar de ciertos toques de humor y de algunos trazos caricaturescos, así como valorar un retrato pintoresco de determinada idioscincracia. Además, si después de todo tuvieran razón, ¿qué hay de tan malo en el costumbrismo?
Más allá de esta pregunta, lo cierto es que la mirada de Burman sobre sus personajes del Once porteño es cálida, generosa, libre de prejuicios. Por su parte, quienes los interpretan (Daniel Hendler, Adriana Aizenberg, Salo Pasik entre otros) se lucen en la tarea de hacerlos queribles y hasta conmovedores.
Tanto es así que, efectivamente, después de ver El abrazo partido, uno se queda con ganas de recorrer la calle Lavalle entre Pueyrredón y Ayacucho y -por qué no- de pasar a saludar a Sonia, a Joseph, a Ramón, a los Saligani, a Mitelman, a Rita y a Osvaldo.
Agosto 30th, 2005 at 8:11 pm
quiero dejar un mensaje para melina petriella soy su admirador numero uno tengo 29 años y me encanta su bellesa y su forma de ser me gustaria poder conocerla personalmente y decirle que estoy super enamorado de ella ya se que es imposible pero me gustaria que ella me dejara un mensaje la sigo en cada pelicula que hace por favor si serian tan amable de darle mi msn es pablo_ariel_255@hotmail.com desde ya le estoy muy agradecido y diganle que la extraño cada dia mas
Agosto 9th, 2008 at 8:11 pm
Hemos vuelto a ver gran parte de El abrazo partido en un canal de cable. En la experiencia cotidiana hay cosas entrañables y hondas. No las vemos, pero vertebran a una comunidad. No obstante, esta vez encontré reparos en dos cuestiones: el personaje llega al luga de la carrera el domingo a las nueve de la mañana. Se pronto advierte que está su padre y sobreviene una impresión tan grande que empieza a correr. Tan así es que llega la noche y sigue corriendo, al parecer sin detenerse. Reencontrado con su madre, en una larga charla sin mucha función narrativa, ella le recuerda cuando, siendo niño, se perdió en la playa La perla, aquí en Mar del Plata, y que buscándolo, ella comenzó a caminar y llegó hasta punta mogotes: que manera de caminar, ya que media ciudad separa a punta mogotes de La Perla, pero , al parecer, el amor de una madre todo lo puede, aun andar y desandar nuestra Mar del Plata en el curso de unas horas.
Parece ser en los detalles en los que termina de cerrarse una buena obra.