La aldea
Lunes, Enero 31st, 2005 
País: Estados Unidos
Año: 2004
Título internacional: The village
Guión: Manoj Night Shyamalan
Director: Manoj Night Shyamalan
Actores: Bryce Dallas Howard, Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Brendan Gleeson, Cherry Jones, Celia Weston, John Christopher Jones.

Salvando las distancias, con Sexto sentido me pasó más o menos lo mismo que con Los sospechosos de siempre. No lo digo porque me hayan gustado de igual manera, sino porque siempre me hablaron muy bien de ambas y, cuando por fin las vi, me pregunté si era para tanto (con esto no quiero herir susceptibilidades: me quedo con Los sospechosos… antes que con Sexto…). A Señales, directamente me la perdí (en realidad, no es que “me la perdí”. Simplemente no me interesó verla) y, del mismo modo, La aldea nunca me había llamado la atención.
Es un hecho: las películas de Manoj Night Shyamalan no son mi especialidad. Sin embargo, dado que el último título mencionado recibió una nominación para los premios Oscar, decidí arriesgarme y alquilarlo. ¿El resultado? Nuestra sección “No la veas” suma un nuevo film en su haber.

Pensándolo bien, y aunque resulte paradójico, La aldea también merece ser recomendada. La sugerencia no tiene nada que ver con cuestiones de calidad cinematográfica, ni de excelencia actoral, ni de hallazgo argumental. Sin duda, lo único que vale la pena en este film es la fotografía. Por lo demás, el guión es tan disperso como previsible; los actores se limitan a recitar sus parlamentos y, por si esto fuera poco, ni siquiera entendí el porqué de la candidatura como mejor banda de sonido.
Esta película es “recomendable” como objeto de análisis sociológico. De hecho, y aunque de manera involuntaria, Manoj Night Shyamalan sintetiza o refleja muchas taras de la cultura norteamericana. Para empezar, sobresalen el maniqueísmo entre buenos (los aldeanos) y malos (los “innombrables”), la reivindicación de la comunidad aislada de peligros externos, la exacerbación de los valores individuales como el coraje o el sacrificio, y la imperiosa necesidad de dejar asentado algún tipo de moraleja final.

Me causó mucha gracia que los “innombrables” fueran rojos, y que todo lo que tuviera ese color debía ser arrancado, destruído, expulsado. Si nos ponemos quisquillosos, podemos encontrar distintas interpretaciones para esta alegoría: ya sea una alusión a la fascinación que los norteamericanos sienten por el demonio, el mal y los fenómenos diabólicos, o una reminiscencia del terror contra el peligro comunista.
Como sea, La aldea es más el síntoma de una sociedad con determinadas falencias que una película digna de ser vista. Por eso, si se la topan en su videoclub amigo, olvídense de los premios Oscar, y sigan de largo: no les costará encontrar una propuesta que la supere.











