La aldea

La aldea

País: Estados Unidos
Año: 2004
Título internacional: The village
Guión: Manoj Night Shyamalan
Director: Manoj Night Shyamalan
Actores: Bryce Dallas Howard, Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Brendan Gleeson, Cherry Jones, Celia Weston, John Christopher Jones.

Joaquin Phoenix

Salvando las distancias, con Sexto sentido me pasó más o menos lo mismo que con Los sospechosos de siempre. No lo digo porque me hayan gustado de igual manera, sino porque siempre me hablaron muy bien de ambas y, cuando por fin las vi, me pregunté si era para tanto (con esto no quiero herir susceptibilidades: me quedo con Los sospechosos… antes que con Sexto…). A Señales, directamente me la perdí (en realidad, no es que “me la perdí”. Simplemente no me interesó verla) y, del mismo modo, La aldea nunca me había llamado la atención.

Es un hecho: las películas de Manoj Night Shyamalan no son mi especialidad. Sin embargo, dado que el último título mencionado recibió una nominación para los premios Oscar, decidí arriesgarme y alquilarlo. ¿El resultado? Nuestra sección “No la veas” suma un nuevo film en su haber.

William Hurt

Pensándolo bien, y aunque resulte paradójico, La aldea también merece ser recomendada. La sugerencia no tiene nada que ver con cuestiones de calidad cinematográfica, ni de excelencia actoral, ni de hallazgo argumental. Sin duda, lo único que vale la pena en este film es la fotografía. Por lo demás, el guión es tan disperso como previsible; los actores se limitan a recitar sus parlamentos y, por si esto fuera poco, ni siquiera entendí el porqué de la candidatura como mejor banda de sonido.

Esta película es “recomendable” como objeto de análisis sociológico. De hecho, y aunque de manera involuntaria, Manoj Night Shyamalan sintetiza o refleja muchas taras de la cultura norteamericana. Para empezar, sobresalen el maniqueísmo entre buenos (los aldeanos) y malos (los “innombrables”), la reivindicación de la comunidad aislada de peligros externos, la exacerbación de los valores individuales como el coraje o el sacrificio, y la imperiosa necesidad de dejar asentado algún tipo de moraleja final.

Sigourney Weaver

Me causó mucha gracia que los “innombrables” fueran rojos, y que todo lo que tuviera ese color debía ser arrancado, destruído, expulsado. Si nos ponemos quisquillosos, podemos encontrar distintas interpretaciones para esta alegoría: ya sea una alusión a la fascinación que los norteamericanos sienten por el demonio, el mal y los fenómenos diabólicos, o una reminiscencia del terror contra el peligro comunista.

Como sea, La aldea es más el síntoma de una sociedad con determinadas falencias que una película digna de ser vista. Por eso, si se la topan en su videoclub amigo, olvídense de los premios Oscar, y sigan de largo: no les costará encontrar una propuesta que la supere.

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9 Responses to “La aldea”

  1. RODRIGO NIRRIAN Says:

    Aquello de lo que no hablamos
    Critica de Rodrigo Nirrian Curicó, Chile 2004.

    Shyamalan ofrece con “La aldea” un cuento moral, una de sus mejores películas con una historia de múltiples lecturas que analiza el miedo a lo desconocido y al progreso
    El cine de M. Night Shyamalan se construye sobre unas sólidas bases que tienen su sentido en una estética visual y perceptiva transformada en sentimiento elevado a un nivel de frialdad y distanciamiento capaz de articular con sus imágenes un universo de contundencia autoral, de sugestiva puesta en escena con fundamento, con un constante componente ideológico y/o teológico que, esgrimido con géneros como el fantastique y el cine de terror, le han descubierto como uno de los cineastas más sugerentes y visionarios del último cine de Hollywood.
    Sus historias humanistas, tormentosas y a veces enfermizas, des-prenden de su finalidad global un discurso reconocible que apunta al análisis de la sociedad moderna, dibujando para ello temores don-de el liberalismo político, el racionalismo, la moralidad y la autocensura reflejan el pánico a lo desconocido, recurriendo en todo momento a la sugerencia visual y argumental para enjuiciar subversivamente el relativismo moderno, la falta de cánones morales, el creciente progreso y la falta de creencia en lo trascendente, más allá del ámbito terrenal. Esa máxima, unida a la ambigüedad, el enigmatismo naturalista y al prodigioso manejo de los mecanismos del suspense con que Shyamalan envuelve sus filmes, son el precedente de “La aldea”, un teorema más ideológico que argumental que recoge mucho de lo mejor de “Los primeros amigos”, “El sexto sentido” o “El protegido” y poco de la teología de su obra menos comprendida por su desenlace (según algunos, cosa que no comparto), “Señales”. En ese sentido, el cineasta de origen hindú parece haber adoptado la directriz de la alegoría narrativa para ir más allá en su discurso argumental. Así, en sus tres últimas películas ha dejado claro que los humanos son los muertos, que los superhéroes son creaciones de los más pérfidos villanos sin entrañas y que todo Apocalipsis respalda un renacimiento interior(recuperar la fe). Metáforas inigualables, diáfanas, esquemáticas y universales para transcribir un mundo desamparado que el espectador puede interpretar mediante la poética fílmica y deliberada del director.

    Por ello, su última película es oportuna y comprometida, fiel al estilo de un realizador más preocupado por hacer partícipe al espectador de los sentimientos de sus personajes que de hacer verosímiles las historias fantásticas que protagonizan. De ahí que el terror se sitúe en la carga emocional en los protagonistas, mientras que en el suspense, que tan bien maneja el director de “Señales”, se concentra en las situaciones. Tal vez algo que se le achaque a “La aldea” sea la falta de concreción y de explicaciones enfáticas en pantalla sobre las res-puestas que se supone que tendría que dar Shyamalan una vez puntualizado ese ‘giro’ (in)esperado por todos, al que recurre como síntesis de la sugerencia y aquí nunca es utilizado como ‘efecto sorpresa’. Si bien es cierto que quedan algunas incógnitas sin aclarar dentro del pánico creado en la pequeña aldea, Shyamalan es consciente de que su público es lo suficientemente inteligente para dejarse llevar por su imaginación y extraer de la poesía y las sensaciones una historia inclasificable que injustamente promete miedo y que termina brindando una película ponderable en todos los sentidos.

    Es sabido por todos que Los oscar no son mas que un premio partidista y auto referente, una medida monopolica de protegerse de la competencia , ya que los críticos son los mismos productores de las películas que premian(o las de sus amigos).por eso que realizadores tan transgresores para la industria sean ignorados .es el caso de Shyamalan que con “el sexto sentido” fue ovacionado mas por los cinéfilos que por la critica especializada( hay que decirlo fueron tibias en un principio)pero terminaron reconociendo que estaban en presencia de un nueva forma de hacer cine. Es este estilo tal ves lo que a generado anticuerpos en la industria, ya que Shyamalan no utiliza efectos especiales e historias digeribles cuyo único objetivo es llenar salas ,como algunos que mas parecen grandes empresarios que directores (para eso existe lucas y spelberg) .debe ser por esto que su ultima obra maestra no sea tan mediática ,pero no por eso menos poética y humana como sus anteriores trabajos. La aldea es claramente una critica a la sociedad que estamos construyendo, el de vivir en constante amenaza por aquello que nosotros mismos hemos provocado y en que cuya única solución es aislarse del sistema.

    Como a través del miedo controlar a la gente y casi mantenerla presa en búsqueda de un mundo feliz para proteger sus libertades(parece que e escuchado esto antes)no porque ellos sean uno malditos carceleros, si no porque son victimas de un cáncer que poco a poco nos va consumiendo.
    es simplemente el reflejo de algo que sucede ,pero que para algunos(candidatos)en épocas de elecciones es un porcentaje que puede mitigarse aumentando la represión.

    La aldea nos hará reflexionar y pensar, de que existe una luz de esperanza, y de que el amor es capas de enfrentarse a nuestro peores miedos. Shyamalan no necesita un carro alegórico lleno de estatuas (ni tampoco las quiere) para que nos demos cuenta que estamos en presencia de una de las mejores películas de los últimos años, una pieza mas cercana al cine arte(Shyamalan parece un infiltrado en hollywood) que sublima el genero llamado séptimo arte.

    Una cinta oscura y pesimista, nada autocomplaciente, que empieza con el entierro de un niño muerto por causas que, una vez sabidas, se deducen de las horribles consecuencias provinentes del experimento al que ha sido sometida la aldea. La cinta también acaba de una forma pesimista e imprevisible, pero a la vez tan realista que uno no puede más que aceptar los acontecimientos. Es ahí donde la atmósfera tiene un protagonismo especial, donde abundan los cielos nublados, que provocan que el filme tenga ese éter desapacible, un aspecto frío y distante. Como importante es el recurso cromático simbolizado en la prohibición del rojo, el color de la vida y la sangre, o el amarillo como defensa de los miedos. Colores todos ellos que la protagonista ciega, evidentemente, no puede ver, pero sí percibir, desoyendo las órdenes cuando su corazón lo dicta. Sobresalientes son también las interpretaciones de los protagonistas Bryce Dallas Howard (con un lanzamiento al estrellato más que sorprendente está increíble, como dato estará en la próxima película de este director), la sutilidad de Joaquín Phoenix en el papel de timorato retraído, así como los siempre extraordinarios William Hurt, Sigourney Weaver y Brendan Gleeson. Sin embargo, en este apartado, no encaja la sobreactuación maniquea e inesperada de un Adrien Brody(el pianista)que juega tanto con los aspavientos y la mueca que termina por resultar sofocante.

    Dando un paso más en su estilizada evolución fílmica y cinematográfica, Shyamalan ofrece un ejercicio de relectura estilística, siguiendo los esquemas propios del terror con ese giro sorpresivo (que aquí no es tal) que tanto proliferaban en la obra de Ray Bradbury (al que se acude por la similitud de su relato “Bosque Mitago” con esta película), constituyendo una experiencia cinematográfica absorbente. La dirección de Shyamalan, su puesta en escena emocional recubierta de sencillez y su minimalismo visual atienden de nuevo a sus restricciones en las que no existe la necesidad de mostrar, sino de sugerir con un particular y sutil pulso narrativo, que se produce cuando el público tiene la oportunidad de ver por primera vez a una de las criaturas. Apoyado en una prodigiosa partitura de James Newton Howard (la mejor en años), “La aldea” es insinuante antes que terrorífica, claustrofóbica y alegórica antes que misteriosa, y, sobre todo, es una obra llena de poesía y emotividad que deja la sensiblería a un lado para tratar con pasión una historia de amor y tragedia. Una poderosa y angustiosa película que, tras la incomprendida “Señales”, encauza la brillante trayectoria de uno de los nuevos genios del cine norteamericano.

  2. Juan Ignacio Carrasco Roig Says:

    Es evidente que una persona que se hace llamar Hermana Lumière, tiene la misma concepción del cine que los supuestos inventores del artilugio ese de las imágenes en movimiento: que no sabe realmente lo que es.
    “La aldea”, como la han titulado ustedes, (en España por una estúpida ley fascista no podemos poner dos veces el mismo título a una película y se ve que de “aldeas” había muchas, por eso la titularon “El bosque”), es un cine de esos que ya no se hacen. Me da igual de qué diantres va la historia porque ya con el primer plano del filme entramos en una realidad únicamente cinematográfica y si a estas alturas, a una persona que se supone que sabe de cine, he de explicarle lo que significa y ha significado en la historia del mal llamado séptimo arte un plano largo, vamos mal.
    Es cierto que en Europa, los cinéfilos somos una especie de afrancesados cinematográficos y hemos mamado de la Nouvelle Vague, igual que ellos lo hicieron del Dreyer, Welles y el neorrealismo. En Argentina, si me fiara de sus películas, ustedes prefieren la palabra a la imgen, a escuchar en vez de a ver, por esa razón creo que usted está aún descubriendo de qué va esto del cine, igual que “sus parientes” los Lumière, que se murieron sin entender lo que habían creado.
    Sus argumentos me parecen patéticos, porque es evidente que no ha sabido resaltar lo importante de “La aldea” y es una pena, porque cualquier crítico de cine sabe qué es lo que realmente se esconde en ese filme de Shyamalan… y no es otra cosa que el propio cine.
    Me he dado cuenta que a usted le ha pasado una cosa muy curiosa y es que a vislumbrado algo, pero no ha sabido a ciencia cierta el què. Es como oír campanas y no saber dónde está el campanario. Usted ha intuido que, pese a su opinión general, la película tenía algo que a usted se le escapa (tranquila, si ve 4000 películas más llegará a descubrirlo), por esa razón destaca la fotografía, lo cual es una estupidez porque de todo es sabido que cuando uno destaca la fotografía en una película es que no le ha gustado. Pero bueno, al hacerlo creo que usted ha reconocido que hay algo en ese filme, pero que sus conocimientos no llegan a poder aprehenderlo (cuando consiga ir a ver una película sin prejuicios, no volverá a destacar la fotografía, se lo aseguro).
    Lo pero de todo no es que no se haya enterado de lo importante de la película, sino que además ni siquiera ha pillado de qué va la historia. Por ejemplo, lo del color rojo es alarmante porque en primer lugar no ha acertado de qué va y aunque su interpretación es lógica, jolín, lo ha interpretado al revés. Me explico: 1) el rojo representa la muerte (la sangre…¡Lo explican mil veces a lo largo de la película, incluso el señor Adrian Brodi se lo muestra agitando sus manos!, 2)aceptando que sea el comunismo (vaya porquería de argumento el suyo), ¿no ha pensado que puede ser una metáfora de lo ocurrido en Estados Unidos durante la guerra fría? Piense usted que “el miedo a los rojos” hizo que el gobierno estadounidense controlara la vida pública y privada (la caza de brujas) de sus ciudadanos. ¿Y no se ha dado cuenta, señora o señorita (o puede que sea un señor), que lo que está haciendo Shyamalan es representar lo que está ocurriendo en EE.UU. con el señor Bush?
    No sé, puestos a sacar teorías, le puedo asegurar que el tema del comunismo está más finiquitado en el cine y la sociedad norteamericana que la guerra de Cuba contra España. Pero de todas maneras, me da igual el contenido del filme, porque repito que su grandeza está en la forma, una forma de cine puro.
    En resumen, a usted no le gusta el cine o sabe muy poco de él.
    Ah, y le recomiendo “Señales”, pero antes de verla sería interesante tragrarse alguna cosilla de Kubrick (”La naranaja mecánica” bastará), algo de Ford (una peliculilla coral)y “Los pájaros” de Hitchcock, ya que si usted no hace eso acabará escribiendo alguna estupidez sobreel filme del estilo: “a mí no me llenan las películas de marcianos…”

    Le recomiendo que vea mucho cine (le hace falta), que lea algún libro (le hace más falta aún) y cuando sea usted un poco más humilde y menos prejuiciosa, vuelva a ver “La aldea”, a lo mejor para entonces ha aprendido algo y le gusta.

    Juan Ignacio Carrasco Roig
    Peñíscola

  3. titirilo Says:

    Rodrigo, muy buena tu crítica(un poco extensa).
    Juan Ignacio, de Peñíscola, quién te crees que sos. La primera prueba de lo ignorante que sos es tu facilidad para generalizar:los argentinos prefieren la palabra a la imágen, escuchar en vez de ver. Tremenda pavada. Para eso escucho radio, Ignacito. El cine se basa principalmente en imágenes. Y por mas que no concuerdo en nada en la crítica que se hace en esta página(al igual que en casi todas las páginas de cine), me pongo colorado en ver con que facilidad insultas a la chica que escribió la crítica. Sabes que sos: un salame.
    Yendo a la película, a mi me gustó, es atrapante, original, bien filmada, bien actuada, y tiene el sello Shyamalan.
    Hermana, la pifiaste esta vez, igual felicitaciones por la página, es muy valorable el esfuerzo. Saludos

  4. Eli Says:

    Siento mucho no poder hacer comentarios propios respecto al film que tratáis, no obstante, dadas las críticas que habéis escrito, en particular la de mi buen amigo Juan de Peñíscola (aunque hace tiempo que no nos vemos) ,y extrayendo las opiniones hacia la compañera, que evidentemente no comparto, intentaré verla aunque no creo que todavía la encuentre en cartelera. Me animo por tanto a verla, aunque sea extraída del cajero de cualquier videoclub de mi barrio, y cuando lo haya hecho escribiré la segunda parte de este comentario, de momento os agradezco vuestros consejos y no llaméis “salame” a Juan aunque reconozco que se ha pasado es un buen tipo. Saludos

    Elisabet

  5. Mariodan Says:

    Tío! Tu si que heres pedante!

  6. Mariodan Says:

    Rectifico: Tía, (Hermana Lumière) tu si que eres pedante.

  7. Mariodan Says:

    Ah! La pelicula buenísima!!!!

  8. Luis Says:

    pasé de casualidad por aqui. Ví la película y me pareció muy buena. Los comentarios de Ignacio, cargados al prejuicio, quien és que recomienda ver más cine o leer más? Tarantino vio mucho y leyo poco, aun así Ignacio no podria realizar una pelicula como Quentin, se trata de talento, no de devorar y devorar. Por lo demás ¿quién me dice que cualquiera de quien comente esté acertado en los significados a dar a los colores, a las situaciones? ¿conversaste con Shalaman y te dijo lo que quiso decir? no creo. Te quieres lucir y se nota, si hasta la amiga reconoce tu exceso (presumo el motivo de no verlo hace tiempo). Y no sean tan teóricos, el cine es imagen, es captar algo y comentarlo, que tanto profundismo. Suerte.

  9. Mariodan Says:

    Juan Ignacio Carrasco Roig: me parece que inicialmente la pelicula se llamó en inglés “El Bosque”. Según Wikipedia: Shyamalan went to work on what was originally titled The Woods.[21].

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