Las mujeres perfectas

País: Estados Unidos
Año: 2004
Título internacional: The stepford wives
Guión: Paul Rudnick, basado en el libro de Ira Levin
Dirección: Frank Oz
Actores: Nicole Kidman, Matthew Broderick, Bette Midler, Glenn Close, Christopher Walken, Roger Bart, David Marshall Grant, Jon Lovitz
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Dicen que el libro de Ira Levin está muy bueno. Dicen también que la versión cinematográfica de 1975, filmada por Bryan Forbes, le hace honor. La pregunta es, entonces, ¿por qué alguien habría querido empañar ambos logros con una remake insulsa? Y todavía hay más: ¿por qué, en este caso, el guionista Paul Rudnick modificó el final de la novela, apostando a un aguado happy end? ¿Por qué Frank Oz eligió como protagonista al inexpresivo Matthew Broderick? ¿Por qué actores con la trayectoria de Nicole Kidman, Bette Midler, Glenn Close y Christopher Walken aceptaron participar en un proyecto tan desaprovechado?
Por momentos, Hollywood parece estar atravesando una crisis irreversible, teñida por la falta de ideas y por una indiscutible mediocridad a la hora de retomar viejas propuestas taquilleras. Por si caben dudas, películas como Las mujeres perfectas confirman esta tendencia que convierte a la llamada “meca del cine” en una muy productiva usina de títulos insoportables.

Este film gira en torno a la mítica guerra entre los sexos (opuestos) y explota la fantasía de venganza: venganza de los hombres, que pretenden reemplazar a sus mujeres por clones despojados de defectos y con virtudes -físicas, sobre todo- suplementarias; venganza de las mujeres, que les demuestran a sus maridos la inconsistencia de esos prototipos supuestamente perfectos.
En principio, la idea resulta atractiva, y las posibilidades de hacer una comedia divertida son evidentes. Sin embargo, en lugar de sacar partido de los recursos de una buena trama, el guión se aferra a obviedades (¿cuántas veces hay que insistir en el carácter rebelde de Bobbie Markowitz/Middler?) y se concentra en la necesidad de difundir una moraleja (algo así como “lo esencial es invisible a los ojos”, “las apariencias engañan”, “la belleza es lo de menos”, “el amor es ciego” y demás frases trilladas).
Lo cierto es que ni el sex appeal de Kidman, ni la simpatía de Middler, ni la ductilidad de Close, ni la ambigüedad de Walken logran levantar una película que se cae a pedazos. Es más… Ni siquiera pueden contrarrestar el peso muerto impuesto por el pusilánime Broderick, a esta altura demasiado grande (¿o viejo?) para volver a sus comedias de adolescentes de los años ‘80.

Las mujeres perfectas salió en video/DVD hace un mes, más o menos. Desde entonces, cada vez que voy al videoclub, tengo la sensación de que nadie la alquila. ¿Será realmente así? ¿Será una mera ilusión? ¿Será que proyecto en los demás mi desilusión de cuando la vi en el cine a mediados del año pasado? Como sea, háganme caso: no pierdan tiempo con esta película.