
País: Estados Unidos
Año: 2005
Título internacional: Hitch
Guión: Kevin Bisch
Dirección: Andy Tennant
Actores: Will Smith, Eva Mendes, Kevin James, Amber Valletta, Julie Ann Emery, Robinne Lee, Nathan Lee Graham, Adam Arkin, Michael Rapaport, Jeffrey Donovan, Paula Patton, Philip Bosco, Kevin Sussman, Navia Nguyen, Matt Malloy.
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No hay vuelta que darle… No termino de definir si mi problema es con ciertas películas hollywoodenses o, directamente, con el humor norteamericano. Alguna vez me tildaron de elitista y hasta de limitada y resentida, pero al menos nadie podrá acusarme de falta de voluntad. De hecho, después del disgusto provocado por Los Fockers, me animé con Hitch, especialista en seducción. El esfuerzo fue en vano: otra comedia yankee ideal para la sección No la vean (se salva porque se trata de un estreno reciente); otra prueba de que los productos made in Hollywood dejan mucho -pero mucho- que desear.

En vez de una crítica sesuda (la propuesta es tan mala que no la merece), esta reseña es una especie de “crónica del escozor”. Algo así como el historial de una erupción que se manifestó a poco tiempo de proyectados los títulos del comienzo, y que hizo eclosión dos horas después cuando el film todavía no se dignaba a concluir.
Escozor número 1. Apenas empieza la película, el pueblo ya sabe de qué se trata. No nos engañemos: contrariamente a lo que podríamos suponer, Hitch… no es una comedia sobre los tropiezos de la conquista amorosa. Es, más bien, una burla solapada en torno a los feos-torpes-tímidos que osan enamorarse de bellas-inteligentes-exitosas. Por si les cabe alguna duda, presten atención al principio del largometraje, y comparen al pelado inocentón con la pomposa pelirroja, o al flacucho narigón pusilánime con la oriental despampanante.

Escozor número 2. OK. Aceptamos que estamos ante una burla. Muy bien. Seamos malos, burlémonos. ¡Pero no! Los norteamericanos no pueden con esa imperiosa necesidad de separar el bien del mal, y de dejarnos una lección de vida. Aquí, las bellas-inteligentes-exitosas son, además, bondadosas, sensibles, capaces de apreciar las virtudes que esconden los feos-torpes-tímidos. Aquí lo esencial, que suele ser invisible a los ojos, sale a la luz y hace justicia: los que aman en serio reciben su recompensa; los canallas mujeriegos, su castigo.

Escozor número 3. Otro síntoma pacato. Si Kevin Bisch y Andy Tennant hubieran sido coherentes con su intención de burla, habrían hecho de Hitch un cínico embaucador que promete -y no cumple- el amor correspondido a individuos ignorados durante toda su vida. Pero no… El personaje de Will Smith ayuda de verdad. Este asesor sentimental lee el corazón de las personas -de sus clientes- y sabe porqué actúan así o asá. Es alguien tan altruista, generoso, solidario que resuelve los problemas de tooooooooooodos los demás (de los que lo merecen, claro está), menos los suyos propios.
Escozor número 4. Por supuesto… Dios y los cineastas de Hollywood son piadosos, así que Hitch también tendrá su oportunidad. Después de todo, si él es buen tipo, ¿por qué Cupido no lo favorece? (No se preocupen: quienes vean la película conocerán las razones de su desamor, ya que -¡aleluya!- el guión también incluye reflexiones psi al mejor estilo Jorge Bucay).

Escozor final, generalizado. ¿Por qué las películas de esta clase son tan burdas, redundantes y, por lo tanto, previsibles y largas? En el caso que nos ocupa, ¿cuántas veces se insiste sobre la torpeza del contador Albert, o la personalidad arisca de Sara? ¿Por qué la reacción alérgica de Hitch tiene que equipararse a toda una deformación de su rostro? ¿Cómo es que siempre resulta imprescindible imponer moralejas a diestra y siniestra?
Sigo sin poder definir si mi problema es con ciertas películas hollywoodenses o, directamente, con el humor norteamericano. Mientras me quedo pensando, les sugiero, advierto, imploro: por favor, no vean Hitch, especialista en seducción. 