Saraband
Nota preliminar: me siento chiquita, chiquita a la hora de comentar una película del maestro Ingmar Bergman. Si bien las intenciones de este post son las mejores, no estoy tan segura en cuanto a los resultados.
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País: Suecia
Año: 2003
Título internacional: Sarband
Guión y dirección: Ingmar Bergman
Actores: Liv Ullmann, Erland Josephson, Börje Ahlstedt, Julia Dufvenius, Gunnel Fred.

En una entrevista concedida a los famosos Cahiers du Cinéma, Bertrand Tavernier definió al cine como “el arte que combina luz y sentimientos”. Apenas terminé de leer la cita, pensé en la obra de Ingmar Bergman y en su última película presentada en la Argentina, Saraband. Sin dudas, las palabras del director francés les van como anillo al dedo.
Recientemente editado en DVD/video, el film reúne a la pareja de Escenas de la vida conyugal 30 años después, cuando la vejez y la proximidad de la muerte opacan los sinsabores de la infidelidad, el fracaso matrimonial, la soledad. El realizador sueco es implacable con los protagonistas Marianne y Johan -encarnados por los irreemplazables Liv Ullman y Erland Josephson-, a quienes desnuda metafórica y literalmente frente al último tramo de sus vidas.

La exposición es tal que en varias oportunidades la mujer se dirige directamente a cámara, confesándose con el espectador, mostrándole fotos que aluden a un pasado perdido y a un presente amargo. Por otra parte, el director recurre a despiadados primeros planos que burlan la represión y la frialdad de los personajes, con el propósito de ventilar penas, rencores, angustias, remordimientos.

Aunque originalmente concebido para TV, este largometraje lleva la inconfundible marca teatral de su hacedor -no se olviden de que Bergman inició su carrera como director de teatro-. De hecho, Saraband se desarrolla en un único escenario, la casa de Johan; la iluminación cumple un papel central en tanto generadora de climas; la historia gira en torno a cuatro personas (aquí no hay “artistas invitados” ni extras); el espectador está “ahí nomás” (por eso, como sucede en muchas obras de teatro, Marianne puede hablarle).
El toque cinematográfico nace entonces del manejo de las cámaras, del uso de
esos primeros planos que logran una intimidad mayor que la de cualquier
aproximación teatral. También se ve en las actuaciones sobrias, prescindentes de las poses que suelen exigir las tablas. Por último, brota de la banda sonora,
cuyos movimientos de música clásica acompañan el dramatismo y la intensidad del relato.

La profundidad de los guiones, el manejo de las luces, la belleza de la fotografía… A estos tres componentes infaltables en la obra de Ingmar, hay que sumarles la calidad de las interpretaciones. En este caso, Börje Ahlstedt y Julia Dufvenius están a la altura de Ullman y Josephson, actores bergmanianos por excelencia. Para comprobarlo, basta con presenciar el diálogo descarnado entre Johan/Josephson y su hijo Henrik/Ahlstedt.
Luz y sentimientos… Evidentemente, de esa combinación está hecha Saraband. Es que, a los casi 90 años, su autor no necesita más para provocar, impactar, cautivar, conmover, en suma, para demostrar -como siempre- su indiscutible genialidad.