La conquista del honor

La conquista del honor

País: Estados Unidos
Año: 2006
Título internacional: Flags of our fathers
Guión: William Broyles Jr. y Paul Haggis, basados en el libro de James Bradley y Ron Powers.
Director: Clint Eastwood
Actores: Ryan Phillippe, Jesse Bradford, Adam Beach, John Benjamin Hickey, John Slattery, Barry Pepper, Jamie Bell, Paul Walker, Robert Patrick, Neal McDonough, Melanie Lynskey, Thomas McCarthy, Chris Bauer, Judith Ivey, Myra Turley.
Sitio oficial

Crítica enviada por nuestro lector Painé

Llegué un poquito tarde, así que me perdí el principio y tal vez los títulos. La película cuenta la historia de los soldados estadounidenses que se volvieron famosos porque los fotografiaron mientras izaban una bandera en la isla de Iwo Jima en una batalla contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

La fotografía es realmente maravillosa, capta un momento en el que se aprecia un sentido de solidaridad, cooperación y esfuerzo realmente encomiable y estéticamente impecable en cuanto a la distribución de los personajes. Es tan hermosa en ese instante que no importa que casi todo lo que vino después sea falso, porque en lo que más se detiene la historia es en indagar qué les pasó a los soldados, cómo fueron manipulados solamente para recaudar dinero.

La película salta constantemente entre distintos tiempos y lugares, uno más o menos actual, el de la invasión a Iwo Jima y la llegada de los soldados a Estados Unidos. La parte menos buena es la invasión a Iwo Jima, un montón de efectos especiales que la hacen parecer una mezcla de Steven Spielberg (no me sorprendió ver su nombre como productor) con el mismo estilo que Rescatando al Soldado Ryan y de George A. Romero con su frontal mutilamiento de seres humanos.

Seguro que en una batalla se ven cosas horribles pero en un cine no hay por qué representarlas/mostrarlas. Durante años se hicieron películas de guerra que no se parecían en nada a El día de los muertos, y Clint Eastwood es un director de estilo muy clásico. La verdad es que no me esperaba que las escenas de guerra fueran tan spielbergianas.

Además Eastwood casi siempre se llevó mal con los efectos digitales. Su cine (excepto por Jinetes del espacio) gana dramatismo y profundidad con la filmación sencilla y directa que le permite hacer maravillas con los actores.

Que la filmación sea sencilla y directa no significa que la película lo sea. Al contrario, además de los constantes cambios de tiempo, también hay escenas que engañan (con buenas armas e intenciones) al espectador. La más notoria es cuando se ve a los soldados subiendo penosamente una roca y poniendo una bandera en la cima entre lo que parecen explosiones de bombas, para al final mostrarnos que es sólo un acto más en su campaña para recaudar fondos y que las bombas eran en realidad fuegos artificiales.

El tema principal de la película no es ni la guerra ni cómo las personas son manipuladas por el Estado y la opinión pública sino averiguar qué es lo que lleva al heroísmo, qué hace que una persona arriesge su vida o incluso la entrege para salvar a su compañeros o a los desconocidos que los rodean. Ni el superheroismo altruista que vende el Estado ni la indiferencia absoluta. Por eso el último plano con los soldados jugando alegremente en el mar despreocupados, olvidados de la guerra y la bandera.

Me impresionó mucho la actuación de Adam Beach, que interpreta a un soldado de origen indígena, muy sensible, inteligente y callado. Es quién más sufre con la situación de hipocresía que los rodea y no logra adaptarse a la vida como civil. Muy buena.

Ésta es sólo la primera parte. La segunda se llama Cartas de Iwo Jima y cuenta la misma invasión a la isla pero desde el lado de los japoneses.

Painé
painebar@hotmail.com

2 Responses to “La conquista del honor”

  1. Gabriel Says:

    No entiendo porqué el cine no puede mostrar escenas duras de una batalla. En todo caso no se las puede mostrar gratuitamente, pero si la historia está bien construida, todo puede mostrarse. Todo cuanto la propia película permita. Ella es quien nos da la pauta de si algo está fuera de lugar o no. ¿Cómo justificaríamos entonces que Scorese sea extremadamente violento o que Tarantino se permita cortar brazos de los que se desprenden litros y litros de sangre? Directamente la película lo justifica por nosotros. El mundo que crea, el desarrollo narrativo y dramático permite que esas cosas funcionen en esas historia y, claro, no en una película de Adam Sandler.
    En La conquista del Honor creo que está más que justificado. La película juega permanentemente con la realidad de la guerra y el mito y la leyenda que se construye a su alrededor. Para eso, Eastwood va permanentemente a la cabeza de los personajes y los pone en enfrentamiento directo con sus traumáticas experiencias de guerra. La farsa cobra sentido en tanto se la relaciona con una verdad (o una posible verdad). Así, todo ese mundo falso que se crea se enfrenta directamente con la crudeza y la realidad de la guerra. Es más, ¿acaso la escena que nombrás de la reproducción del acto de clavar la bandera no es justamente ese ambiguedad permanente? En dos segundos Eastwood desenmascara la verdad y lo que parece ser un acto heróico se banaliza frente a un estadio de fútbol, rocas falsas y fuegos artíficiales. La farsa se descubre sola, en un movimiento de cámara.

    Y una cosa más que me parece. Si bien no creo que la filmación de las escenas de guerra sean tan parecidas a las de Rescatando al soldado Ryan, creo justamente que este punto en la película de Spielberg es lo mejor del film. Está brillantemente filmado. Podremos adjudicarle problemas severos de guión, pero la película es magnífica en puesta en escena. Terminemos un poco con el mito. Spielberg es un gran director. Ha tenido puntos flojos, pero ha demostrado un dominio del lenguaje cinematográfico que no muchos tienen y eso hay que reconocerlo. Además, está plagado de excelentes películas (Duel, Tiburón, Encuentros cercanos de tercer tipo, Sugarland Express, Munich, entre otras.) Todas, mejores que muchas.

  2. barbara Says:

    me encanto como trabajaron todos

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