
País: Australia, Estados Unidos
Año: 2001
Título internacional: Moulin rouge
Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce
Dirección: Baz Luhrmann
Actores: Nicole Kidman, Ewan McGregor, John Leguizamo, Jim Broadbent, Richard Roxburgh, Garry McDonald, Jacek Koman, Matthew Whittet, Kerry Walker, Caroline O’Connor, Christine Anu, Natalie Jackson Mendoza, Lara Mulcahy, David Wenham, Kylie Minogue.
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Moulin rouge es uno de esos títulos únicos e incomparables. ¿Dónde más podríamos toparnos con una parodia de “Like a virgin”, capaz de desprenderse de la sensualidad madonniana para cederles todo el protagonismo interpretativo al excéntrico dueño de un cabaret y a un duque amanerado? ¿A quién más se le hubiera ocurrido convocar a Mariano Mores para reeditar “Roxanne” y hacer una versión tan exótica y apasionada del éxito de Sting? ¿Quién hubiera imaginado convertir a Kylie Minogue en una pequeña hada verde? ¿Qué otro film o videoclip osaría reunir a personalidades tan extemporáneas como el metrosexual David Bowie y el tullido Toulouse Lautrec? Por todo esto y mucho más, la película escrita y dirigida por Baz Luhrmann es una de mis favoritas.

El cine, como la vida, te da sorpresas. Confieso que, cuando fui a ver esta producción después de su estreno, lo hice por inercia, porque sus horarios eran los únicos que me convenían. Lo cierto es que aquella noche de domingo me senté resignada en la butaca y esperé lo peor. Nunca imaginé que meses después volería a verla en video, ni que de ahí en adelante aprovecharía cada proyección en TV para revivirla.

Tiempo antes, el trailer me había resultado abrumador. Sus luces, sus coreografías, sus estridencias me habían parecido totalmente ajenas a la época que se pretendía describir, e incluso a la esencia del mítico Moulin Rouge de
París. Por otro lado, me había espantado la idea de asistir a un melodrama pasado de moda, al mejor estilo La dama de las camelias de Alejandro Dumas hijo.

Mi percepción -debo admitirlo- fue totalmente errónea. En realidad, el mítico cabaret francés es sólo una excusa para jugar con el contexto de una historia de amor a la vieja usanza pero con todos los ingredientes narrativos y estilísticos modernos. No importa entonces si los personajes cinematográficos hacen gala de una estética y un glamour que los clientes y bailarinas del verdadero Moulin Rouge no tenían.

Tampoco hay que enojarse por ciertas licencias, como la caricatura que el film hace del pintor Lautrec. En definitiva, al margen de una caracterización discutible, el guión de Luhrmann y Craig rescata los aspectos fundamentales de esta personalidad: su vida bohemia, sus días de cabaret, su fiel amistad hacia las prostitutas, su sensibilidad artística y, obviamente, sus limitaciones físicas.

Como todo buen musical, Moulin rouge se destaca por una excelente banda sonora. En este caso, el gran mérito pertenece a los encargados de retomar éxitos del rock & pop para adecuarlos a la historia en cuestión y a una particular recreación del siglo XIX. Además de las versiones de “Like a virgin” y “Roxanne”, sobresalen “Your song” de Elton John, “All you need is love” de los Beatles, “Show must go on” de Queen. A su vez, las canciones originales son igualmente conmovedoras y dan fuerza al relato. Entre ellas, “Come what may” se convierte en una suerte de lei motiv oportuno y, sin dudas, muy efectivo.

Qué decir de la pareja protagónica conformada por Satine y Christian… Que representan al amor ideal. Que irradian química por todos los poros. Probablemente, ninguna dupla habría podido ser tan convincente como la conformada por Nicole Kidman y Ewan McGregor. Además de sus dotes actorales, debe reconocerse que, a pesar de no ser cantantes ni bailarines profesionales, se las arreglan para desenvolverse a la hora de interpretar los temas musicales.
A partir de la propuesta de Luhrmann, uno puede mirar hacia atrás y recordar excelentes musicales como A chorus line, Chicago y el padre de todos los musicales, All that jazz. Sin embargo, la creatividad y desenfado de Moulin rouge hace que su despliegue de luces, colores, música y lágrimas sea sencillamente único y, por lo tanto, inolvidable.
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