Archive for the ‘Las preferidas’ Category

El rey de la comedia

Jueves, Marzo 10th, 2005

El rey de la comedia

País: Estados Unidos
Año: 1983
Título internacional: The king of comedy
Guión: Paul D. Zimmerman
Dirección: Martin Scorcese
Actores: Robert De Niro, Jerry Lewis, Diahnne Abbott, Sandra Bernhard, Shelley Hack, Ed Herlihy, Lou Brown.

A la derecha, Martin Scorecese cuando el Oscar no le quitaba el sueño

Y sí… Es hora de confesarlo… Tengo cierta debilidad por los antihéroes. Cuanto más destinados al fracaso y, paradójicamente (o no tanto) más obcecados, mejor. En pocas palabras, esta aclaración explicaría mi absoluto fanatismo por Rupert Pupkin, aspirante a “relator de chistes” televisivo -una suerte de Juan Verdaguer a la usanza norteamericana- y protagonista de una de las películas más ocurrentes, y también menos apreciadas, de Martín Scorcese.

No recuerdo si El rey de la comedia se estrenó en las salas porteñas después de su rodaje en 1983. En todo caso, estoy segura de que no la vi en aquella época. Al contrario, la descubrí por casualidad hace un par de años mientras hacía zapping. En ese momento ni siquiera había oído nada de ella; tampoco sabía quién era su director. Pero es un hecho: desde entonces, la miro cada vez que la pasan.

A decir verdad, aquella primera vez me quedé prendada de la pantalla por culpa de un Robert De Niro casi irreconocible, con bigotitos, vestido con trajes un talle más grande, y atosigado por una serie de rictus tragicómicos. Ni hablar de cuando vi entrar en escena al avejentado Jerry Lewis, encarnando un papel muy alejado de los que lo hicieran famoso en sus años dorados.

Rupert Pupkin: de lo cómico... ...a lo tragicómico

Al igual que Taxi driver o Toro salvaje, El rey de la comedia también retrata a un personaje anónimo, marginal o border, cuyo único objetivo es alcanzar el éxito. Entonces, así como el conductor Travis Bickle busca erigirse en un parapolicial defensor de la Ley y el boxeador Jake La Motta pelea por ser campeón, el mencionado Rupert Pupkin se obsesiona con la idea de convertirse en una estrella del show business.

Una de las pocas escenas en las que Jerry Langford/Lewis parece simpático

En este arduo camino a la fama, Pupkin/De Niro debe enfrentar la indiferencia y el desprecio de quienes tanto admira, incluído su ídolo Jerry Langford/Lewis (es sorprendente ver al ex compañero de Dean Martin en el rol de celebridad hastiada), y de todos quienes forman parte del engranaje televisivo: desde productores, directores y conductores hasta las secretarias y recepcionistas del canal… En este sentido, las desventuras de Rupert son la excusa para describir de un modo satírico al mundo de la TV, y a una sociedad exitista que suele adorar ídolos de barro.

Resumiendo… Si llegan a toparse en el cable con El rey de la comedia (la pasan cada tanto), no dejen de verla. Además de disfrutar de una excelente comedia ácida, tendrán la posibilidad de reencontrarse con el Scorcese perspicaz, preciso, irónico y, por lo tanto, de compensar la eventual desilusión causada por su más reciente trabajo, El aviador.

Taxi driver

Viernes, Enero 28th, 2005

Taxi driver

País: Estados Unidos
Año: 1976
Título internacional: Taxi Driver
Guión: Paul Schrader
Director: Martin Scorsese
Actores: Robert De Niro, Cybill Shepherd, Peter Boyle, Jodie Foster, Harvey Keitel, Leonard Harris, Albert Brooks

Robert De Niro

Hace días que tengo en mente redactar algo sobre Taxi driver. Será que quiero rendirle homenaje a Robert De Niro, especialmente después de la severa reseña de Los Fockers. Será que, en la entrega de los Golden Globes, me conmovió verlo tan viejito a Martin Scorcese. Será que, leyendo target="_blank">Página 12, me enteré de que actor y director piensan filmar una segunda parte de este film realizado en 1976 (en principio, la secuela volvería a concentrarse en el taxista Travis Bickle, tres décadas después, con 61 años de edad y probablemente jubilado).

El hecho es que Taxi driver es una de mis películas favoritas. Por un lado, disfruto mucho verlos a De Niro, a Harvey Keitel y a la por entonces principiante Jodie Foster. De lejos, creo que es una de las mejores actuaciones del célebre “Bob”, a la par de su Jake La Motta en target="_blank">Raging bull (Toro salvaje fue la traducción local). Como muchos, siempre espero la ya clásica escena frente al espejo y el inolvidable “are you talking to me?” (me pregunto cuántas veces la habrán citado y parodiado).

También me estremece asistir a la transformación de este personaje obsesionado por la violencia, y por la idea de erigirse en una suerte de justiciero marginal. El proceso de metamorfosis es impresionante, tanto como la adquisición del último look “a lo punk”. Ni hablar de la ironía del final, cuando “el loco” efectivamente logra convertirse en “héroe”.

Robert De Niro Jodie Foster, Robert De Niro

Es innegable que la dupla Scorcese-De Niro produjo verdaderos hitos en la historia del cine norteamericano: además del mencionado Toro salvaje, figuran El rey de la comedia (película que nunca me canso de ver cada vez que la repiten en cable), target="_blank">Buenos muchachos, y la remake de target="_blank">Cabo de miedo. Sin dudas, el punto de partida para todos ellos fue Taxi driver.

De ahí, este breve pero conciso reconocimiento.

Pink Floyd The Wall

Sábado, Enero 22nd, 2005

Pink Floyd The Wall

País: Inglaterra
Año: 1982
Título internacional: Pink Floyd The Wall
Guión: Roger Waters
Director: Alan Parker
Actores: Bob Geldof, Christine Hargreaves, James Laurenson, Eleanor David, Kevin McKeon, Bob Hoskins, David Bingham, Jenny Wright, Alex McAvoy.

Pink Floyd The Wall

El lunes 17 a la noche, tuve la suerte de detenerme en el canal de cable Cinemax justo cuando estaban pasando la impresionante Pink Floyd The Wall de Alan Parker. Mientras la miraba, recordé que no había podido verla en el cine cuando se estrenó en Buenos Aires porque todavía estábamos en plena dictadura militar, y la censura -además de mutilarla- le estampó el sello de “prohibida para menores de 18 años”.

Tuve que esperar algunos años para ver su reposición en la pantalla grande. Los cráneos uniformados ya habían abandonado el poder, y películas como ésta reforzaban el espíritu democrático y antidespótico de la nueva era. En este caso preciso, pocas escenas fueron tan gráficas, tan impactantes como esos martillos marchando a paso redoblado, esas máquinas de picar carne (humana), ese profesor “hitleriano” (¿o hitlerista?) tan temible.

Aún hoy, cada vez que escucho la legendaria Another brick in the wall, vuelvo a ver aquellas imágenes. Y me estremezco, y siento que se me pone la piel de gallina y que algún tipo de fuerza o energía brota en mi interior.

Pink Floyd The Wall tuvo un efecto político en mí, por haber aportado contundencia a mi visión sobre el autoritarismo y sus fines opresivos, represivos y alienantes. También me influenció desde un punto de vista cultural, porque significó el primer contacto con Roger Waters y su banda (desde entonces, una de mis preferidas), y porque me mostró el abanico de posibilidades barajadas a partir de un dibujo animado para adultos.

En honor a la verdad, creo que la historia en sí -es decir, lo que le ocurre a una estrella de rock consumida por las drogas- es lo que menos me marcó. Con esto, no pretendo menospreciar la trama del film ni relativizar su pertinencia. Lo que sí me interesa dejar en claro es que Parker y Waters van más allá del relato mismo, de lo anecdótico, para meterse en un nivel mucho más profundo, desde un punto de vista tanto filosófico como artístico.

Bob Geldof Otro ladrillo en la pared

La impronta de este largometraje se mantiene tan vigente que, a mediados del año pasado, corrió el rumor de que Waters habría compuesto los arreglos orquestales para convertir a The Wall en una obra teatral digna de Broadway. El proyecto estaría respaldado por la compañía Sony y una productora cinematográfica.

El lunes, mientras miraba la película en la tele, me preguntaba porqué Alan Parker habrá pasado de dirigir una maravilla como ésta a realizar producciones mediocres como Evita (que me perdonen Madonna y sus fanáticos) y La vida de David Gale (que me perdone nuestro visitante Sergio). También me pregunté porqué, a la hora de hacer sus videoclips, los músicos actuales no se inspirarán más a menudo en Roger Waters.

En fin… Mientras dejo picando estas inquietudes, les aviso que Cinemax volverá a proyectar Pink Floyd The Wall el próximo sábado 29 a las 23.30 horas. Que la disfruten. :D

Tiempo de milagros

Jueves, Diciembre 16th, 2004

Tiempo de milagros

País: Yugoslavia
Año: 1990
Título original: Vreme cuda / Time of Miracles
Guión: Goran Paskaljevic, basado en la novela de Borislav Pekic
Director: Goran Paskaljevic
Actores: Miki Manojlovi, Dragan Maksimovic, Mirjana Karanovic, Danilo Stojkovic, Svetozar Cvetkovic, Mirjana Jokovic.

“Si Cristo renaciera, la Iglesia volvería a crucificarlo”, apostaba un graffiti inscripto en algún muro de la ciudad de Buenos Aires. Polémica sentencia que, salvando las distancias y algunos matices, reaparece en Tiempo de Milagros, película filmada cuando Yugoslavia todavía era Yugoslavia, y el conflicto entre serbios y croatas apenas asomaba como una amenaza latente.

Goran Paskaljevic, guionista y director

El relato de Goran Paskaljevic se ambienta en el pueblito de Vitanjia, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y durante la instauración del régimen comunista. Al lugar, llega un joven extranjero, callado, reconocible por sus harapos, su barba y sus cabellos largos. La aparición coincide con un hecho inaudito: cada mañana después de que los soldados soviéticos tapan con cal los murales de las iglesias en nombre del “proceso de erradicación de Dios”, pinturas y vitrales vuelven a quedar intactos, como si nada hubiera sucedido. Inmediatamente, los lugareños -y, porqué no, el espectador- le atribuirán el milagro al extraño visitante.

No hace falta revelar el destino de este hombre, tan inevitable y trágico como el del propio Jesús. La alegoría es por demás elocuente: el poder siempre se encargará de destruir y aniquilar a quien altere el orden, llámese mendigo, loco, subversivo, disidente y hasta al mismísimo Mesías. De hecho, amparados por la mayoría de los habitantes de Vitanjia, autoridades comunistas y obispos ortodoxos se comportan como la reencarnación de las fuerzas romanas y los popes judíos cuando la gran crucifixión.

Svetozar Cvetkovic, impecable en el rol de un Cristo muy particular

Además de inteligente y profundamente conmovedor, este film es un ejemplo de buen cine. Por un lado, la talentosa combinación de los tiempos de narración logra un manejo perfecto del suspenso y dramatismo de la historia. Por otra parte, sobresalen las actuaciones en general y, en particular, el desempeño de Svetozar Cvetkovic (el muchacho extranjero), cuya mirada profunda y dulce vale toda la película. Pero, sin dudas, lo mejor de esta propuesta es que, sin ser un panfleto, denuncia una realidad inherente al ser humano, compuesta por el miedo a lo distinto, por la adicción al poder, por el peligro de lo masivo, por la crueldad más insospechada.

Tiempo de Milagros provoca pena, desazón e impotencia tras demostrar que, de repetirse, la pasión de Cristo sería siempre la misma, sin importar lugares ni fechas. Después de todo, por qué sorprendernos si la historia de la humanidad cuenta con sobrados ejemplos de guerras, genocidios y asesinatos que -lejos de extinguirse- vuelven a ser protagonistas una y otra vez.

¿Será que, en definitiva, no existe ninguna posibilidad de perdón ni de redención para la condición humana? Antes de responder a semejante pregunta, vale la pena alquilar esta película que, a casi 15 años desde su realización, mantiene vivos su interés y vigencia.

Actos privados

Jueves, Diciembre 9th, 2004

Actos privados

País: Gran Bretaña
Año: 1994
Título original: Priest
Guión: Jimmy McGovern
Director: Antonia Bird
Actores: Linus Roache, Tom Wilkinson, Christine
Tremarco, Usley Sharp, Robert Carlyle.

 

El joven sacerdote Greg Pilkinton es enviado a una iglesia de un barrio obrero londinense. Conservador y circunspecto, el novato choca primero con el párroco -el poco ortodoxo padre Thomas- que, además de descreer del aparato eclesiástico, tiene una concepción menos dogmática acerca de la vida y del ser humano. Al margen de esta confrontación, Pilkington debe enfrentar un problema de incesto en el seno de una familia miembro de la parroquia. Por otra parte, el conflicto interno que mantiene con su homosexualidad lo empuja hacia una profunda crisis personal.

La película británica Actos Privados (”Priest”, en inglés) posee la rara cualidad de abordar temas tan urticantes como la homosexualidad y el incesto, sin caer en discursos aleccionadores ni en el morbo. Por si esto fuera poco, descubre además a una Iglesia hipócrita, alejada de los valores que profesa e intransigente con quienes, dentro de la misma institución, contradicen las normas establecidas y ponen en evidencia su falsedad.

Sin embargo, más allá de estas críticas, el film constituye un verdadero acto de fe, no en un sentido beato o puritano del término, sino en tanto reivindica el sagrado compromiso establecido con Dios, a través del amor y el respeto hacia el prójimo. En este punto, el trabajo de la directora Antonia Bird se vuelve admirable, por la profundidad y la sobriedad con que realza los sentimientos de tolerancia, solidaridad y compasión.

Aunque la producción de este largometraje fue concebida a partir de un proyecto pensado para una serie de televisión, Bird supo pasar por alto el tratamiento “light” que normalmente exigen los directivos de la caja boba para narrar la historia del joven sacerdote sin pelos en la lengua, con imágenes y diálogos contundentes, pero también sin decir ni mostrar más de lo necesario.

Consecuentemente, la película alcanza un justo equilibrio entre lo que se ve y lo que se escucha. Así, para describir el amor entre dos hombres, bastan unos explícitos primeros planos y sobran las palabras. En cambio, al tratar el conflicto de la adolescente abusada por su padre, la cámara se vuelve mucho más distante y discreta.

La ajustada complementación entre texto e imagen construye un relato dinámico que compensa la tremenda envergadura de las problemáticas planteadas, evitando un eventual efecto de saturación en el público. Del mismo modo, la composición de los personajes supera cualquier encasillamiento que pueda trabar el desarrollo de la narración. En este sentido, hay que destacar las actuaciones de Linus Roache (el padre Greg), Christine Tremarco (la adolescente abusada) y Usley Sharp (la madre de la joven), capaces de transmitir con asombrosa ductilidad los sentimientos más profundos y hasta a veces contradictorios.

Madurez, franqueza, emotividad son algunos de los atributos que caracterizan a Actos Privados. Pero, ante todo, se trata de una película hecha con coraje, no sólo por los temas que toca, sino también porque, en pleno auge de una sociedad individualista y simuladora, rescata la importancia del amor entre los seres humanos y de esa religiosidad que poco tiene que ver con las distintas doctrinas y con la mojigatería.